¿Puede la Ética de Kant Cambiar el Rumbo de México? Un Análisis de la Crítica de la Razón Práctica

En un país como México, donde la corrupción, la desigualdad y la violencia parecen ser males endémicos, hablar de ética puede sonar a idealismo vacío. Sin embargo, la obra de Immanuel Kant, Crítica de la razón práctica, publicada en 1788, ofrece un marco ético que no solo sigue siendo relevante, sino que puede ayudarnos a repensar nuestra relación con el poder, la justicia y la vida pública. Este texto filosófico, que a primera vista puede parecer ajeno a nuestra realidad, plantea ideas profundas sobre el deber, la libertad y la moralidad que tienen ecos sorprendentes en los retos contemporáneos de México.

En este ensayo realizo un análisis a la obra Crítica de la razón práctica de Immanuel Kant

Copia personal de Crítica de la razón práctica de Immanuel Kant, una edición increíble de parte del Fondo de Cultira Económica

Kant parte de una distinción fundamental: la razón práctica es la facultad que guía nuestras acciones morales, no por lo que deseamos, sino por lo que la razón nos muestra como correcto. En términos simples, no actuamos bien porque nos conviene o porque nos hace sentir bien, sino porque es nuestro deber. Este principio ético choca frontalmente con la cultura de la corrupción en México, donde muchas decisiones públicas y privadas se toman con base en intereses personales o beneficios inmediatos. Imaginemos, por ejemplo, a un político que acepta un soborno para autorizar la construcción de un desarrollo inmobiliario que destruirá un ecosistema protegido. Kant diría que este político está actuando desde la heteronomía, es decir, subordinando su voluntad a incentivos externos, como el dinero, en lugar de obedecer a principios morales universales.

El Imperativo Categórico: Una Regla Ética para Todos

El corazón de la ética kantiana es el imperativo categórico, que establece que debemos actuar solo según aquellas máximas que podamos desear que se conviertan en leyes universales. Esta regla puede parecer abstracta, pero en realidad es muy concreta. Imaginemos un caso cotidiano: un ciudadano decide tirar basura en la calle porque "es solo una bolsa pequeña". Si todos hicieran lo mismo, las calles estarían inundadas de desechos. El imperativo categórico nos lleva a reflexionar si nuestras acciones individuales podrían sostenerse como normas para toda la sociedad.

En México, donde problemas como el manejo de la basura y el cuidado del medio ambiente son críticos, este principio ofrece una guía práctica. Actuar de manera ética no implica esperar que las autoridades limpien la ciudad por nosotros, sino asumir responsabilidad personal y colectiva. Cada acción, por insignificante que parezca, contribuye al tejido ético de nuestra comunidad.

La Autonomía de la Voluntad: Ciudadanía Consciente

Kant enfatiza la autonomía de la voluntad, la capacidad de actuar según leyes que nosotros mismos nos damos mediante la razón. En México, donde los sistemas políticos han oscilado entre el paternalismo y el populismo, esta idea es profundamente relevante. La autonomía kantiana nos invita a ser ciudadanos conscientes, no sujetos pasivos que dependen de líderes carismáticos o de soluciones mágicas.

Pensemos en los programas sociales como las pensiones para adultos mayores o las becas para estudiantes. Aunque son necesarias para reducir la desigualdad, también existe el riesgo de que se conviertan en herramientas de clientelismo político. La ética kantiana nos recuerda que la verdadera justicia social no se trata solo de repartir recursos, sino de empoderar a las personas para que tomen decisiones autónomas y responsables.

El Deber por Encima de las Consecuencias

Uno de los aspectos más controvertidos de la ética de Kant es su insistencia en que debemos actuar conforme al deber, independientemente de las consecuencias. Esto puede parecer poco práctico en un país donde las decisiones suelen evaluarse en términos de costo-beneficio. Sin embargo, este principio tiene aplicaciones importantes en casos donde los fines parecen justificar los medios.

Por ejemplo, consideremos el uso de la violencia por parte de grupos armados que afirman defender a sus comunidades del crimen organizado. Aunque su objetivo —proteger a los suyos— podría considerarse noble, Kant argumentaría que la violencia nunca puede ser justificada como norma universal. Si todos adoptaran la misma lógica, la sociedad caería en el caos. En este sentido, el respeto al deber nos obliga a buscar soluciones éticas que no sacrifiquen los principios en nombre de los resultados.

La Libertad como Responsabilidad Moral

En la ética kantiana, la libertad no es simplemente hacer lo que queremos, sino actuar conforme a principios racionales. En México, donde la libertad a menudo se percibe como un privilegio limitado por las condiciones económicas y sociales, esta idea puede transformar nuestra visión de la responsabilidad individual.

Imaginemos a un joven que tiene la oportunidad de recibir una educación gracias a un programa de becas gubernamentales. Aunque podría verlo como un beneficio transitorio, la ética kantiana lo invita a asumir esa oportunidad como un deber moral: aprovechar su educación no solo para su beneficio personal, sino para contribuir al bienestar de su comunidad. La libertad, en este sentido, no es solo un derecho, sino una responsabilidad que implica actuar éticamente en el uso de los recursos que nos otorgan.

El Bien Supremo: Virtud y Felicidad en México

Para Kant, el bien supremo es la unión de la virtud (actuar conforme al deber) y la felicidad. En México, donde la pobreza y la violencia parecen negar la posibilidad de una vida digna para muchos, esta idea puede parecer utópica. Sin embargo, el concepto kantiano nos invita a reflexionar sobre cómo construir una sociedad donde la justicia y el bienestar puedan coexistir.

Por ejemplo, los movimientos sociales que luchan por los derechos de las comunidades indígenas no solo buscan justicia material, sino también dignidad y reconocimiento. Al hacerlo, encarnan la idea kantiana de que la moralidad no puede separarse de la búsqueda de una vida significativa.

La Ley Moral como un Hecho de la Razón

Kant sostiene que la ley moral no necesita demostración; es un hecho de la razón que todos podemos reconocer. Esto tiene implicaciones profundas para México, donde muchas veces se justifica la falta de ética en términos culturales o históricos. La ética kantiana nos recuerda que, independientemente de nuestras circunstancias, siempre tenemos la capacidad de distinguir el bien del mal y de actuar en consecuencia.

Un ejemplo actual es la lucha contra la violencia de género. Aunque se podría argumentar que esta problemática está arraigada en estructuras patriarcales históricas, la ética kantiana nos desafía a no excusarnos en el pasado. Cada individuo tiene la capacidad de actuar éticamente aquí y ahora, ya sea al educarse sobre el tema, al apoyar a las víctimas o al cuestionar comportamientos nocivos en su entorno.

¿Qué Puede Hacer México con Kant?

Esto me lleva a pensar que la Crítica de la razón práctica no es solo un tratado filosófico, sino una herramienta poderosa para reimaginar el futuro de México. En una sociedad marcada por la desigualdad y la desconfianza, la ética kantiana nos ofrece un marco para construir relaciones basadas en el respeto mutuo y la responsabilidad colectiva.

No se trata de exigir soluciones desde el gobierno, o esperar soluciones máginas provenientes de las élites, sino de asumir cada uno nuestra parte en el tejido moral de la sociedad. Desde acciones tan simples como no tirar basura en la calle hasta decisiones tan trascendentales como denunciar actos de corrupción, y no caer en ella, cada elección tiene el potencial de transformar la realidad. Kant nos recuerda que la moralidad no es una abstracción lejana, sino un acto cotidiano de afirmación de nuestra humanidad compartida.

En última instancia, la obra de Kant es un llamado a vivir con dignidad y autenticidad, incluso en un mundo lleno de contradicciones. Si México adoptara estos principios, no como una receta rígida, sino como una guía para la acción, podríamos comenzar a construir un país donde la ética no sea la excepción, sino la regla.